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¿Quienes somos?

Joan Salvador


Nací en Blanes -Girona- tengo 55 años y soy arquitecto técnico de profesión. Mi afición a la navegación a vela se remonta aproximadamente a cuando tenia 10 años; una tarde de verano, los hijos de unos amigos franceses de mis padres me llevaron a pasear en un Vaurien (embarcación de vela ligera) que tenian. La sensación de libertad y tranquilidad que me aportó aquella tarde de navegación no laolvidé nunca.

A los 16 años, con un amigo, compramos un Snipe (embarcación de vela ligera) de madera, el "Snoopy" en un estado lamentable, pero en lugar de ir a la discoteca como hacia todo el mundo, nos pasábamos restaurándolo las largas tardes de los domingos de invierno.

Años más tarde llegó el "Paitau", un velero de 23 piés que conjuntamente con mi anterior pareja y mis dos hijos, nos permitió hacer nuestros primeros cruceros.

Como suele pasar, aquella embarcación, con los años, se nos quedó pequeña y entonces vino el "Menjavents", un velero de 30 pies que compramos con otros dos socios. Con el Menjavents hicimos muchas regatas locales y regionales -de las cuales ganamos muchas- aprendimos a trimar bien las velas y nuestros cruceros continuaron. Este velero estaba mal construido y con el esfuerzo a que lo sometimos durante los años de regatas se nos fue desmontando -se arrancaron los escoteros, se desencajó la cubierta, tuvimos que cambiar el timón, etc- y una vez reparados estos desperfectos, lo vendimos.

Más tarde tuvimos la oportunidad de comprar otro velero, un 38 pies de aluminio, un nuevo "Menjavents"; un barco muy robusto. Era la época de soñar que algún día podríamos hacer viajes transatlánticos, dar la vuelta al mundo, visitar islas lejanas, etc. era el barco ideal para hacerlo.

Circunstancias de la vida hicieron que mi pareja y yo nos separásemos. El Menjavents y mis dos hijos se quedaron conmigo y al cabo de un tiempo apareció Montse con sus tres hijos. El Menjavents se convirtió en el barco ideal para todos: éramos siete.. y un perro.

Con el Menjavents Montse se inició en la navegación y con él hicimos los cruceros que nos permitian los días de vacaciones de que disponíamos; recorrimos las Baleares muchas veces, todo el litoral Mediterráneo español y durante la Expo-92 atravesamos el estrecho de Gibraltar y llegamos hasta Sevilla.

Con los años, los chicos fueron creciendo (todos nuestros hijos son chicos) y acabamos Montse y yo haciendo cruceros los dos solos. El Menjavents era demasiado grande por lo que lo vendimos para comprar otro más pequeño, muy bonito y muy bien construido, el "Swing", un Belliure 30 que nos dió muchas alegrias y grácias a él empezamos a soñar en que cuando nuestros hijos fueran independientes, lo dejaríamos todo y partiríamos, esta vez soñábamos con el Mediterráneo.

Haciendo los preparativos a largo plazo nos dimos cuenta que el Swing era muy bonito, marinero, pero no disponia de la capacidad de estiba que un viaje de éstas características requeria..

Y apareció el Blauet, barco con una eslora reducida, muy marinero, con mucha capacidad de estiba, timoneria abrigada, etc... y aquí nos tenéis, preparandolo para iniciar éstos viajes soñados des de hace tanto tiempo.



 

Montse


Nací en Barcelona y no os sabría decir cual es mi profesión porque a los dieciocho años ya era maestra, me puse a trabajar en una escuela y por las noches estudiaba Historia del Arte en la Universidad de Barcelona. Ejercí durante casi veinte años, aunque también trabajé un año en la banca. Me casé muy joven, acabé la licenciatura cuando ya tenía dos niños, luego llegó un tercero y, por aquellas cosas de la vida, me quedé viuda cuando mi hijo pequeño sólo tenía quince meses.

Al cabo de un tiempo me fui a vivir con Joan Salvador y sus dos hijos, a Blanes. Vivíamos los dos, con los cinco chicos y un perro. El cambio de domicilio hizo que dejara el trabajo en la escuela, estudiara un postgrado de logopedia y montara un gabinete psicopedagógico en Blanes. Entre los dos cuidábamos de nuestros hijos, llevábamos la casa (he tenido mucha suerte, yo, con mis "partenaires", os lo aseguro) y trabajábamos ambos como locos para seguir adelante. Por las noches me puse a estudiar psicopedagogía por la UOC (Universitat Oberta de Catalunya). Así fue como conocí el mundo virtual.

Entre pañales, comidas y cenas para siete personas, satisfacciones y disgustos por los respectivos trabajos, todos los conflictos que se os antojen y más, pero también con muchos momentos de felicidad, en un camino de rosas salpicado de gritos, discusiones con cuatro adolescentes y un pequeño, entre ladridos de perro, entre miradas tiernas y miradas duras, entre libros, cacerolas, lavadoras y plancha, nos amábamos y también soñábamos.

Nuestro sueño siempre ha sido el mismo (bueno, a ver, tengo que confesar que a mi no se me habría pasado nunca por la imaginación si no hubiera vivido con él) soñábamos que un día, cuando los hijos fueran mayores y estuvieran emancipados, nos iríamos mar adentro con nuestro barco para viajar y satisfacer de este modo, aquella primitiva necesidad que algunas personas tienen/tenemos, de conocer el mundo desde el propio mundo.

Ambos hemos pasado largas horas leyendo las aventuras de otros, pensando hasta dónde podríamos llegar (todos sabemos que soñar no cuesta dinero, todavía) recorriendo la geografía del mundo entero con nuestra imaginación (y un poco, por qué no decirlo, con mi miedo, no acabado de resolver del todo)

Pues bien, ahora nos ha llegado el momento de hacer realidad nuestros sueños. Hemos tenido la gran suerte de que nuestros hijos han crecido con un espíritu libre (quizá se lo hemos transmitido nosotros) y ellos mismos son quienes nos animan a realizarlo:

- Papá, mamá, carpe diem!

Somos de los que pensamos que hay que vivir el momento. Nosotros nos conformamos con una vida sencilla, muy sencilla (de otro modo no podríamos llevar a cabo nuestro sueño) y es por ello que mi capitán se ha pasado casi un año poniendo a punto un barco que, debo reconocerlo, nada más verlo ya me enamoré de él pero pensé "madre mía de mi vida, este barco es una ruina" pero gracias a él aprendí a verlo "con ojos de arquitecto", algo que me costaba mucho, ¿eh? no os vayáis a pensar... y como por arte de magia (aparente, porque las horas que se ha pasado trabajando en todos los momentos que tenía libres es casi infinita y no se podrían pagar con dinero) el Blauet ha ido adquiriendo forma ya no de barco, sino "del barco de mis sueños".

¿Sabéis una cosa? Un barco siempre tiene una historia detrás. Y el Blauet, desde el mismo momento en que lo escogimos, ya se puede decir que empezó a formar parte de nuestra historia.Un barco se ama. Se le cuida, se lo mima. Y yo he aprendido a amarlo, aunque al principio de vivir con Joan Salvador tenía celos porque el velero era "la amante", yo lo veía como una especie de rival. Pero todo cambia, por suerte... y yo abrí los ojos de la mente y supe que lo que quería era envejecer al lado de mi Capitán. Y en el momento de escoger esa ruta, sabía que a nuestro lado, mientras tengamos fuerzas, siempre habrá un velero.

Yo conocí el segundo "Menjavents", poco a poco os iré contando historias, porque si algo de bueno tiene viajar de esta manera, es que podré llevar a cabo mi segunda pasión: escribir. (La primera tiene que ver con mi vocación en el mundo de la enseñanza, que he llevado a cabo hasta ahora mismo)

Cuando los chicos crecieron y en verano sólo éramos tres (nosotros dos y el pequeño) cambiamos el Menjavents por el Swing. Con él también hemos vivido momentos maravillosos.

Y tal como cuenta Joan Salvador en algún sitio de esta web, por nuestras nuevas necesidades en este momento, había que volver a cambiar. Por eso ahora tenemos el Blauet.

Y eso es todo. Desde este rincón de virtualidad (tan real) iremos contando nuestros sueños, para todos aquellos que los queráis compartir.



 

Nosotros